El balance de la experiencia

//El balance de la experiencia

Ya han pasado unos cuantos días desde que consiguiera encaramarme «al techo del mundo», aclimatándome a las nuevas alturas, presiones y temperaturas. A veces cuesta habituar al cuerpo a esos nuevos valores radicalmente distintos, sobre todo cuando pasas de los 8848 m y -30 ºC, a los 400 m y 25ºC en tan solo 6 días, que fue lo que me costó volver a casa desde que pisara la cumbre del Everest.

Ahora toca hacer balance del viaje y de la experiencia vivida, disfrutar de lo conseguido y de darle su justo valor.

No quería empezar a hacer ese balance sin tener unas palabras de agradecimiento hacia todas las personas que me habéis apoyado durante todos estos días con multitud de mensajes, desbordando todas las previsiones (tanto en redes sociales, como en la página donde se seguía en tiempo real la evolución de la expedición, por whatsapp, o simplemente os habéis asomado a esta página de Olympus, para ver las fotos que poníamos o cómo evolucionaba la misma). Ese apoyo sin duda que ha sido vital para que llegara hasta arriba del todo, cuando las fuerzas flaqueaban. Así que, sin duda, una gran parte de ese logro es vuestro. MUCHAS GRACIAS POR ESTAR DETRÁS EMPUJANDO.

En segundo lugar, agradecer también a Olympus, y al personal humano que lo compone, su apoyo en este bello proyecto fotográfico, sin ellos y la ilusión depositada por todos, nada de esto habría sido posible.

También agradecer a mi familia su apoyo, su paciencia y su infinita comprensión, especialmente a mi mujer, que ha sufrido como nunca con cada paso hasta allí arriba y no menos aún a la bajada.

Atrás quedaron aquellos impresionantes paisajes, (la cascada de hielo del Khumbu, el valle del silencio, la corona formada por el Everest, el Lhotse y Nuptse), los bellos amaneceres y atardeceres, las vías lácteas, ecuadores celestes, momentos, vivencias que se vienen conmigo, para siempre a través de un buen puñado de fotografías que toca repesar y procesar. De hecho ya he empezado a montar el audiovisual «Quomulungma, La Madre del Universo, 8848 m», que está dedicado a la memoria de mi compañero de cordada y de montañas, Juan Jose Dominguez, fallecido en accidente de escalda mientras yo me encontraba de expedición, e incluso ya tenemos fechas y lugares donde se va a proyectar en un futuro el mismo.

También quedan en el recuerdo momentos muy duros: el esfuerzo agónico por llegar hasta la cumbre, incluso con muchos problemas de salud, las complicaciones en la visión a la bajada, la pérdida de un compañero ruso de expedición por edema…

Siempre que me embarqué en una misión tan difícil como es la ascensión de una montaña de 8000 m sin el uso de oxígeno artificial, me juré a mi mismo que esa sería la última. Ciertamente supone un esfuerzo tan titánico en todos los aspectos que uno se plantea si merece la pena intentarlo, si lo que se obtiene compensa lo suficiente, más aún cuando uno tiene un doble objetivo: la cumbre y la fotografía. Aún me lo pregunto muchas veces, aunque algunos digan que sin pena no hay gloria y que cuanto más cuesta una cosa, más se sabe valorar esta.

El año pasado con la ascensión del Lhotse de 8516 m, cuarta montaña más alta del planeta, sin uso de oxígeno artificial, me juré a mi mismo no volver a un 8000, incluso le juré a la montaña que si me dejaba ascenderla no volvería a ninguna otra a esa altura.

Poco después llegaría a la conclusión de que era mejor no hacer promesas que uno no pudiera ser capaz de cumplir. Se me ofrecía la posibilidad de hacer realidad un sueño inalcanzable desde el punto de vista económico, como era ascender el Everest. Ahora era factible, era real, no podía dejarla pasar, así que había que intentarlo.

Han sido 30 días agotadores. Desde que salí de casa, hasta que logré la cumbre más alta del planeta, 1 mes de dura lucha física, pero sobre todo de guerra psicológica contra la montaña y contra los elementos naturales, y contra uno mismo.

Una batalla que en esta ocasión he ganado y una experiencia que sin duda ha merecido la pena vivir. La sensación de sentirse en el “techo del mundo”, de ver que todo lo que alcanza tu vista, está por debajo de ti, es indescriptible, es grandiosa, difícil de entender, difícil de explicar.

Por otra parte, creo además, que el otro objetivo que persigo en mis viajes, también ha sido conseguido. Estoy orgullosos del material fotográfico que he traído y de que a pesar de que no tengo a penas fotos del día de cumbre, debido a mi agotamiento extremo, y de que era consciente de que me tenía que volcar en SOBREVIVIR, su calidad es muy notable, aunque desde luego, valorarlo en su justa medida es trabajo de todos vosotros. Espero que pronto podáis disfrutarlo.

Sin duda que seguiremos pensando en nuevos proyectos fotográficos, grandes retos en lugares remotos, fríos y extremos paisajes nevados, naturaleza en estado puro, donde OLYMPUS, por su calidad, polivalencia y portabilidad, destacan sobre todos los demás. ¿Quién sabe? , tal vez el salvaje Monte Vinson en la Antártida, los bellos Andes, la cordillera de Pamir, SOÑAR ES GRATIS.

2018-12-12T10:40:32+00:00